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REPERCUSIONES DEL MAL USO DE LA TECNOLOGÍA DIGITAL

  • Foto del escritor: Manuel Arboccó de los Heros
    Manuel Arboccó de los Heros
  • 12 mar
  • 4 Min. de lectura

Por Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo, docente universitario y escritor




Si bien no podemos restar algún beneficio a la tecnología digital y todo lo que ella conlleva esta nota pretende advertir sobre algunas desventajas de su uso desproporcionado. Por eso lanzamos esta pregunta:


¿Qué cambios negativos vienen observándose en los seres humanos ante el uso excesivo e ineficiente de la tecnología?



Se vienen registrando algunos de los siguientes fenómenos:


-        Estamos cada día más distraídos, atendiendo solo estímulos breves y entretenidos. Nos cuesta concentrarnos en actividades que no resultan inmediatamente placenteras. Hoy vivimos en lo que algunos autores llaman una economía de la atención, donde plataformas y aplicaciones compiten por captar y retener nuestra mirada el mayor tiempo posible. En este contexto, la distracción permanente no es un accidente, sino una consecuencia esperable del diseño mismo de estos entornos digitales. Esta situación también puede relacionarse con lo que la psicología cognitiva denomina sobrecarga cognitiva, cuando la cantidad de estímulos e información supera la capacidad de procesamiento del individuo.



-        Nuestra memoria trabaja menos. El esfuerzo cognitivo se vuelve más desgastante. Expresiones como “googléalo” o “pregúntale a la IA” reemplazan con frecuencia al ejercicio de pensar o recordar algún dato. Algunos investigadores hablan de externalización de la memoria, es decir, la tendencia a delegar en dispositivos y buscadores aquello que antes requería recordar o comprender.



-        Reaccionamos cada vez más de manera inmediata y emocional, y menos a partir de procesos reflexivos o racionales. El mensaje implícito parece ser: no lo pienses demasiado, obedece a tus sentidos o a tus emociones.




Imagen tomada de la web




-        Los algoritmos nos muestran principalmente aquello que nos atrae o con lo que estamos de acuerdo. Las redes digitales pueden hacernos creer que el mundo coincide con nuestras preferencias y puntos de vista. Este efecto ha sido descrito como la formación de “cámaras de eco”, entornos digitales donde los usuarios se encuentran principalmente con opiniones similares a las propias, reforzando creencias previas y reduciendo la exposición a perspectivas diferentes.



-        Nuestro vocabulario se reduce considerablemente y nuestra capacidad expresiva, tanto oral como escrita, se ve limitada. Usamos emoticones o pequeños íconos para comunicar de forma resumida lo que sentimos. La inteligencia verbal —lectura, escritura y comprensión— se empobrece. Esto se observa incluso en jóvenes universitarios que adoptan el mismo registro lingüístico de influencers o conductores de magazines.



-        Existe también una tendencia a la manipulación comunicativa. Muchos mensajes televisivos, radiales y digitales parecen dirigidos a un público infantil. El lingüista Noam Chomsky señalaba que hablarle al público como si fueran niños y adoptar un tono infantilizante no es algo gratuito, sino una posible forma de manipulación. Si se trata a las personas como si fueran pequeñas, su respuesta tenderá —con cierta probabilidad— a ser menos crítica y más sugestionable.



-        La sobrecarga informativa distrae de los temas importantes. Mediante un verdadero diluvio de información rápida, banal o superficial, se promueve mirar hacia otro lado y desatender asuntos políticos, éticos, culturales o científicos relevantes. Este fenómeno ha sido denominado por algunos investigadores como infoxicación, es decir, una intoxicación informativa producida por el exceso de datos, noticias y estímulos que superan nuestra capacidad de procesarlos críticamente. A esto se suma el consumismo como forma de control social. Algunos analistas han propuesto que para las clases dominantes resultó más fácil formar consumidores irreflexivos que ciudadanos críticos.




Imagen tomada de la web
Imagen tomada de la web


-        En las redes digitales se observa también un empobrecimiento del argumento. La repetición de mensajes sustituye con frecuencia a la evidencia científica, al razonamiento lógico o a la prueba empírica en el juicio de muchas personas. Así, la opinión de un influencer o tiktoker sobre salud, psicología o geopolítica puede tener, para muchos, más peso que la opinión documentada de un profesional en la materia.



-        Estamos perdiendo ciertas habilidades cognitivas y físicas ante la creciente dependencia de máquinas, dispositivos y aplicaciones. La llamada “ley del menor esfuerzo” nos lleva a evitar actividades que requieren esfuerzo intelectual. En muchos estudiantes, resúmenes, atajos, tips u opiniones prefabricadas reemplazan a la reflexión nacida de la lectura, el razonamiento y la creatividad.



Finalmente, la evidencia sugiere que el problema no es la tecnología en sí misma, sino el modo en que la utilizamos y cómo se integra en la vida cotidiana. El desafío contemporáneo consiste en aprender a emplearla de forma consciente, moderada e inteligente, evitando que termine debilitando capacidades humanas fundamentales como la atención, la memoria, la reflexión y el pensamiento autónomo y creativo.

 





Fuentes de consulta:


-        Noam Chomsky (2012). Manipulación mediática.

-    Nicholas Carr (2016). Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?

-        Byung Chul-Han (2022). Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia.

-        Zygmunt Bauman (2005). Los retos de la educación en la modernidad líquida.

-    Michel Desmurguet (2020). La fábrica de cretinos digitales. Los peligros de las pantallas para nuestros hijos.

-        Erich Fromm (2007). La vida auténtica.

-        Jean Paul Lafrance (2020). El malestar en la civilización digital.

-        Ramón León y Alfredo Zambrano (2008). El hombre y la historia en Erik Erikson.

-        Giovanni Sartori (2004). Homo videns. La sociedad teledirigida.

 

 
 
 

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