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¿QUÉ HAY DETRÁS DE ENAMORARSE DE UN AVATAR GENERADO POR IA?

  • Foto del escritor: Manuel Arboccó de los Heros
    Manuel Arboccó de los Heros
  • 2 mar
  • 3 Min. de lectura

Por Manuel Arboccó de los Heros

Profesor Universitario, psicoterapeuta y articulista



Imagen tomada de la web
Imagen tomada de la web


¿Qué necesidades psicológicas podrían buscar satisfacer quienes vienen señalando tener una “relación amorosa” con la IA?


Pues atención y respuesta constante, disponibilidad total (24/7), validación sin juicio, fantasías sexuales diversas (desde las más simples hasta algunas más complejas y hasta retorcidas: ¿tendrá pudor la IA?).


La IA es una figura que puede funcionar como una imagen de apego deseado, responde calmadamente, escucha, no abandona, no lastima. Y sí, al no haber riesgo de abandono (salvo un repentino corte de luz eléctrica), brinda esa seguridad deseada. Además, no hay traición, no hay humillaciones o discusiones repentinas (como sí suele haber en las relaciones humanas), no hay esos tontos roces que a veces el tiempo y el cansancio producen.

 



Imagen tomada de la web
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¿En quiénes podría encontrarse más estas situaciones?


Quizá pueda darse más en personas con una soledad crónica, rechazos previos no trabajados, ansiedad social, miedo a la intimidad (cohibidos, tímidos) y hasta parafílicos, miedo al contacto profundo e intolerantes. No es amor por la IA sino por la experiencia emocional que ella facilita, por la potente ilusión que ella genera.


Las aplicaciones vienen hechas para parecer una relación y eso no es inocente. Nos están vendiendo “vínculos hechos de algoritmos y estímulos sensoriales, (“crea tu propio amigo en IA” dice una campaña publicitaria estadounidense) capaces de despertar emociones, sentimientos, pasiones y un sinfín de creencias. Ya la película HER (2013, dirigida y producida por Spike Jonze) nos advertía hace más de una década sobre las posibilidades de la IA avanzada, y hoy empezamos a ver esos “servicios” a través de aplicaciones y programas, así como personas que empiezan a perder los límites entre el amor real entre seres humanos y la fascinación (del latín fascinatio, que significa “acción y efecto de hechizar o embrujar”) por algoritmos y lenguajes de programación.


Con la IA encontramos lo que buscamos y deseamos y esto es un servicio, mientras que con los seres humanos no es así; el vínculo con el otro siempre será un desafío como ya lo decía el psicoterapeuta Rollo May: “El encuentro de los seres humanos es siempre, hasta un punto mucho mayor o menor, tanto creador de ansiedad como creador de alegría” (May, 2000, Pág. 122).

 


Imagen tomada de la web. Película HER (2013, dirigida y producida por Spike Jonze) trata la historia de Theodore Twombly un hombre que desarrolla una relación con Samantha, una asistente virtual de IA personificada a través de una voz femenina.
Imagen tomada de la web. Película HER (2013, dirigida y producida por Spike Jonze) trata la historia de Theodore Twombly un hombre que desarrolla una relación con Samantha, una asistente virtual de IA personificada a través de una voz femenina.


Dentro de los modelos psicológicos se intenta explicar estos fenómenos a partir de conceptos tales como objetos de apego, estímulos apetecibles, reforzamiento de comportamientos, manipulación de masas, huidas existenciales, formas de mitigar angustias y vacíos, estimulación de sistemas dopaminérgicos (asociados a la recompensa y al placer). Sea como sea, parece que estas posibilidades “amicales y amorosas” de la IA calman ciertas ansiedades, satisfacen otras necesidades y provocan fuertes ilusiones de tener amistades y hasta parejas.


ChatGPT no es un amigo, sus comentarios no vienen con una intención más allá para la que -cual autómata de escritorio- ha sido creada. No es capaz de amar ni acompañarnos en nuestro dolor, no puede sentir alegría ni deseo sexual, no podrá reemplazar al amigo ni a la pareja, a esa pareja imperfecta que todos encontramos y seremos, al mismo tiempo, para otros.


El mundo real es duro, contradictorio y estresante. Con mi avatar generado por la tecnología obtengo exclusividad, compañía y amabilidad permanente, y así alguna forma de consuelo. La IA, recordemos, no envejece, no tiene cólicos menstruales ni cambios de humor por problemas en la oficina o con los hijos.

 

¿Podría ser psicopatológico?


Claro, cuando sustituye completamente los vínculos humanos, cuando refuerza el aislamiento junto a creencias distorsionadas, cuando se pierde el autocontrol y la voluntad y cuando disminuye la conciencia de que no hay reciprocidad real con un artefacto, una máquina llena de algoritmos, metales, chips y electricidad. El peligro estaría en no diferenciar la realidad de la fantasía, en desembocar en las dependencias, los cuadros obsesivos y el aislamiento social. Se convierte en un problema cuando se bloquea el crecimiento y la persona se estanca en un mundo que parece real pero no lo es. Ya estamos viendo una disminución cognitiva en la última generación por el mal empleo de la tecnología, no lo olvidemos.


Esta es la generación más conectada a dispositivos digitales, pero probablemente la menos conectada en el plano humano; plano que requiere para su comprensión de modelos, ensayos, aprendizajes emocionales y habilidades psicológicas.


La IA y la publicidad digital hace tiempo nos vienen diciendo qué necesitamos, cómo debemos pensar y qué debemos hacer y ahora también cómo y a quién amar.

 

Referencia:

Rollo May (2000). El dilema del hombre. Respuestas a los problemas del amor y de la angustia. Gedisa Editorial.

 

 
 
 

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