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DE PSICÓLOGOS, PSIQUIATRAS Y PSICOTERAPEUTAS

  • Foto del escritor: Manuel Arboccó de los Heros
    Manuel Arboccó de los Heros
  • 3 ene
  • 2 Min. de lectura

Por Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo, psicoterapeuta y escritor



Imagen tomada de la web



En algunas oportunidades las personas no saben si dirigirse a un psiquiatra o a un psicólogo clínico, simultáneamente no conocen que existen psicólogos a secas, y psicólogos con formación en psicoterapia. Por último, dentro de los enfoques psicoterapéuticos existen diversas modalidades como el psicoanálisis clásico, la psicoterapia psicoanalíticamente orientada, el Análisis Transaccional, lo Logoterapia, la psicoterapia centrada en la persona, la psicoterapia gestált y las terapias cognitivo-conductuales.

 

Este desconocer qué es qué en Psicología y Medicina ha llevado a que muchas personas “no encajen” correctamente en el modelo de trabajo del profesional de la Salud. Quizá este breve artículo lleve algo de luz al asunto. Un(a) psiquiatra es un médico cuya formación (biologicista mayormente) le permite contar con un arsenal de fármacos que buscan regular la dimensión físico-orgánica del individuo que por eso ve difícil manejar sus emociones y su comportamiento con solo su consciencia y su voluntad. El (la) psicólogo(a) formado en psicoterapia se ha especializado en un modelo teórico-práctico (del comportamiento, de la personalidad, de la salud y la patología) que busca ir más allá de un diagnóstico o una consejería general y propone una forma de mejorar, tomar consciencia, ser más libre, asumir nuestras responsabilidades, sanar viejas heridas infantiles y reconciliarnos con el pasado, tomar las riendas de nuestra vida, lograr bienestar y darle algún sentido a nuestra existencia apuntando nuestro esfuerzo hacia la consecución de alguna meta. En términos generales.

 

Ahora bien, todas las personas que buscan a un psicólogo o a un psiquiatra ¿están enfermas? Pues no. Muchas personas no tienen una enfermedad, son seres que aprendieron a actuar de un modo inauténtico, de pronto de niños fueron angustiados innecesariamente, tomaron malas decisiones luego, aprendieron a pensar de manera errada (exagerada, fóbica, desconfiada, negativa), etc. Para algunos casos no basta con una pastilla sino un proceso vincular de diálogo genuino, respetuoso, no moralista, a veces confrontador pero honesto, así como catártico y no solo retrospectivo sino prospectivo y lleno de búsqueda de nuevas posibilidades vitales. Probablemente la farmacoterapia es imprescindible en casos graves como las esquizofrenias, los cuadros bipolares, las adicciones, los casos de TLP (trastorno limítrofe de la personalidad), depresiones graves y la angustia severa; por señalar algunos ejemplos clínicos.

 

También existen médicos psiquiatras que se especializan en algún modelo psicoterapéutico con lo que su trabajo es mucho más potente, más completo. Abordan la neuroquímica como la parte cognitiva, emocional y volitiva del ser humano.


Es un error pensar que unos son mejores que otros (por ejemplo, que el psiquiatra es mejor que el psicólogo clínico, o que el psicoanalista es mejor que el terapeuta cognitivo-conductual). Los hay buenos y malos, profesionales certificados y autodenominados terapeutas, serios y faranduleros. Existen psicólogos mediocres como extraordinarios, y psiquiatras humanistas y preocupados por el bienestar de sus pacientes así como otros insensatos multiplicadores de recetas y que iatrogenizan al consultante. Tengan cuidado, a propósito, con los pseudopsicólogos, ahora llamados "coachs vitales", "promotores emocionales" o "comunicadores motivacionales" que sin tener los años necesarios de estudio del comportamiento humano pretenden hacerse pasar por los nuevos terapeutas del siglo XXI. No arriesgue su salud y póngase en manos de profesionales; y exija las certificaciones y hoja de vida de quien se consulta.



 

 

 

 

 

 
 
 

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